Septiembre de 2009
Cursan carreras que van desde la ciencia política a las ingenierías. En promedio no superan los 22 años y sueñan aportar a la lucha de su pueblo como profesionales.
Se trata de una nueva generación de jóvenes mapuches instalados en hogares especiales en Temuko para estudiar sus carreras profesionales en las universidades de la zona.
En los hogares viven cerca de 220 jóvenes que dejaron sus comunidades para instalarse en la ciudad y estudiar una carrera universitaria. El Gobierno desde fines de los 90 les financia el agua, la luz y el gas —incluso les contrata personal que se encarga de cocinarles—, pero son los propios mapuches quienes ponen las reglas, con directivas de comuneros elegidas entre los residentes.
Para entrar a uno de estos hogares hay que cumplir ciertos requisitos, como subraya el presidente del Hogar Pelontuwe, Jonathan Zapata “la persona debe tener la voluntad de saber sobre su cultura, obtener buenas notas y provenir de un estrato socio-económico bajo... La idea es retroalimentarse y hacer un rescate cultural; que quienes vivan ahí empiecen a trabajar con sus comunidades para que vayan recuperando sus costumbres, volviendo a la esencia del mapuche, a organizarse como pueblo y recuperar el dominio político y territorial”.
Hacia el futuro como nación
Zapata —de la comunidad Antonio Pailemán— representa esta noción: estudia pedagogía básica intercultural en la Universidad Católica de Temuko para “comenzar a tomar la educación en nuestras manos y educar a nuestros niños de acuerdo con lo que ellos tienen que aprender”. No se trata sólo de aprender mapundungún, pues la idea “es reforzarlos como mapuches, que sepan desenvolverse en esta sociedad y que las nuevas generaciones se proyecten hacia el futuro como nación mapuche”.
El comunero Luís Penchuleo también vive en Pelontuwe y hoy está a punto de titularse de periodista en la Universidad de la La Frontera. Ex-presidente de dicho hogar, integra la dirección política del Partido Nacionalista Mapuche, Wallmapuwen, que apoya activamente las reivindicaciones de tierras de comunidades y aboga por crear un Estatuto de Autonomía para la región mapuche.
Penchuleo, de la comunidad Mateo Ñiripil (comuna de Lautaro), es el único de su familia que ha accedido a la educación superior y destaca que aprovechó su paso por la universidad para investigar profundamente la historia del pueblo mapuche: considera que la “mal llamada” pacificación de la Araucanía fue una usurpación de tierras que los dejó reducidos a “espacios pequeños... que en el fondo son campos de refugiados o campos de concentración donde se recluyó a los mapuches sobrevivientes”. Y enfatiza: “Por lo tanto, el derecho ancestral es algo a lo que nunca renunciaremos”, argumenta. Desde ya tiene claro que al egresar trabajará en un medio de comunicación vinculado a su pueblo, pues “hoy día tenemos medios alternativos que se van desarrollando con mayor fuerza. Y la idea es que nuestros conocimientos profesionales los apliquemos en ese espacio”.
El autogobierno
Luis Panguinao estudia en cuarto año de antropología en la Universidad Católica de Temuko y está convencido de que su carrera le ayudará a “aportar al reconocimiento de la diversidad y la convivencia de las diversas identidades de una nación”. Originario de la comunidad San Pablo (Osorno), considera que, “más que un conflicto mapuche, lo que hay es un conflicto político donde casi no está presente en el debate el sello cultural de nuestro pueblo”.
Una vez que termine su carrera, el futuro antropólogo dice que quiere “ser un aporte a las organizaciones mapuches y brindarles toda la colaboración posible en el ámbito técnico-profesional: ayudarlas para que reconozcan sus intereses, manejar sus problemáticas y demandas de manera coherente y creíble”.
Fabiola Barra Caudillán pertenece a la comunidad Andrés Cariqueo, y cursa tercer año de kinesiología en la Universidad de La Frontera: “Cada mapuche con título profesional, independiente de cuál sea el área de estudio, puede aportar para un mejor futuro de nuestro pueblo”.
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